—Doctor Horvat… ¿ocurre algo con mi hijo?
Robert parpadeó y pareció regresar al presente.
—No. Médicamente parece estar bien.
Ivana abrazó al bebé contra su pecho.
—Entonces ¿por qué está llorando kara?
Robert miró al pequeño otra vez.
—¿Cómo se llama el padre?
El corazón de Ivana se tensó.
—Luka Horvat.
Robert tuvo que apoyarse en la cama.
—¿Luka?
—¿Lo conoce?
El médico cerró los ojos.
—Es mi hijo.
Ivana dejó de respirar.
Durante siete meses había imaginado cientos de explicaciones para la desaparición de Luka.
Nunca aquella.
—Entonces dígame dónde está.
Robert palideció todavía más.
—Eso es precisamente lo que no entiendo.
Sacó lentamente su teléfono.
En la pantalla había una fotografía de Luka.
—Mi hijo desapareció hace siete meses.
La misma semana en que había abandonado a Ivana.
Pero, según Robert, Luka nunca había vuelto con su familia.
Su coche
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apareció abandonado cerca de la frontera tres días después.
No encontraron su teléfono.
Ni su pasaporte.
Ni una explicación convincente de adónde había ido.
—¿Por qué nadie me buscó?
—No sabíamos que existías.
Ivana sintió que la rabia sustituía momentáneamente al miedo.
—Yo era su esposa.Robert la miró fijamente.
—Luka nunca nos dijo que estaba casado.
Horas después, Robert regresó con una pequeña caja.
—Esto estaba entre sus pertenencias.
Dentro había cartas.
Todas dirigidas a Ivana.
Ninguna había sido enviada.
La última estaba fechada la noche en que Luka desapareció.
Ivana la abrió con manos temblorosas.
Ivana:
Si me marcho esta noche, no significa que no quiera a nuestro hijo.
Significa que descubrí algo sobre mi familia y necesito mantenerlos lejos de ustedes hasta saber en quién puedo confiar.
Ivana levantó los ojos.
—¿Qué descubrió?
Robert negó lentamente.
—No lo sé.
Entonces recordó algo.expresión de su rostro cambió.
Miró al recién nacido.
Después pidió permiso para examinar una pequeña marca situada detrás de su oreja.
Ivana aceptó.
Robert se quedó inmóvil.
El bebé tenía una diminuta marca de nacimiento en forma de media luna.
—Luka tenía una igual —susurró.
Aquello por sí solo no demostraba nada extraordinario.
Pero Robert abrió la caja nuevamente.
En el fondo había una fotografía antigua.
Mostraba a Robert de joven junto a otro hombre.
Ambos sostenían bebés.
En el reverso aparecían cuatro palabras:
LOS GEMELOS HORVAT — 1991.
Ivana frunció el ceño.
—Luka nunca mencionó ningún gemelo.
—Porque le dijeron que murió al nacer.
Robert dio vuelta la fotografía.
Había una nota escrita muchos años después.
El segundo niño sobrevivió.
Debajo aparecía una fecha.
Siete meses atrás.
La misma semana en que Luka desapareció.
Entonces el teléfono de Ivana vibró.
Número desconocido.
Abrió el mensaje.
Era una fotografía tomada desde el exterior del hospital apenas veinte minutos antes.
Se veía claramente la ventana de su habitación.
Debajo había una sola frase:
No dejes que Robert haga una prueba de ADN al bebé. Luka descubrió demasiado tarde que Robert Horvat no es su padre.
Ivana levantó lentamente la mirada.
Robert seguía junto a la cama.
Y por primera vez desde que había nacido su hijo, no supo cuál de los dos hombres Horvat debía temer.
# PARTE 3: El secreto de los gemelos Horvat — La verdad sobre Luka hizo llorar a Ivana
Ivana seguía mirando el mensaje que acababa de recibir.
«No dejes que Robert haga una prueba de ADN al bebé. Luka descubrió demasiado tarde que Robert Horvat no es su padre».
Las palabras parecían quemarle los ojos.
Robert permanecía frente a ella, inmóvil, con la fotografía de los gemelos entre las manos. El médico que unos minutos antes había intentado tranquilizarla ahora parecía un hombre atrapado en una pesadilla de la que no sabía cómo despertar.
—Doctor Horvat… —susurró Ivana—. Necesito que me diga la verdad.
Robert levantó la mirada.
—Te lo contaré todo.
—No. Ya no quiero promesas. Quiero respuestas. ¿Por qué alguien me advierte que no permita que usted haga una prueba de ADN? ¿Qué tiene que ver Luka con su verdadera identidad? ¿Y por qué hay alguien tomando fotografías de mi habitación?
Robert abrió la boca, pero no consiguió pronunciar una palabra.
Entonces el teléfono de Ivana volvió a vibrar.
Otro mensaje.
Esta vez contenía una fotografía de un documento antiguo, amarillento por el paso del tiempo. En la parte superior aparecía el nombre de una clínica privada. Debajo figuraban dos nombres de recién nacidos:
Luka Horvat.
Marko Horvat.
Y junto a uno de ellos había una anotación escrita a mano:
«Identidad provisional. Entrega autorizada por R. H.»
Ivana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Quién es Marko?
Robert cerró los ojos.
—El hermano gemelo de Luka.
—Eso ya me lo ha dicho. Quiero saber quién se lo llevó.
El médico no respondió.
Ivana se incorporó en la cama, protegiendo al recién nacido entre sus brazos.
—¡Míreme! —exclamó—. Durante siete meses creí que mi marido me había abandonado. Lloré todas las noches. Le escribí cartas que nunca envié porque ni siquiera sabía dónde encontrarlas. Tuve que atravesar un embarazo entero sin saber si el padre de mi hijo estaba vivo. Y ahora descubro que su familia lleva décadas escondiendo algo.
Su voz se quebró.
—No voy a permitir que mi hijo crezca rodeado de mentiras.
Robert bajó la cabeza.
—Tienes derecho a saberlo.
—Entonces empiece por explicarme qué significa esa anotación.
El médico observó la pantalla.
Cuando leyó las iniciales, su rostro perdió todo el color.
—Esas son las iniciales de mi nombre.
Ivana retrocedió.
—¿Usted autorizó que se llevaran a uno de los gemelos?
—¡No! —respondió Robert inmediatamente—. Te juro que no recuerdo haber firmado ese documento.
—Pero ahí está su nombre.
—Lo sé.
Por primera vez, Ivana vio lágrimas en los ojos del médico.
—Hace treinta años trabajaba en una clínica universitaria. Era joven, tenía una familia y creía que todas las personas que llevaban una bata blanca compartían el mismo sentido de la responsabilidad. Si alguien utilizó mi nombre, necesito descubrirlo. Pero si realmente firmé ese documento y lo he olvidado, tendré que asumir las consecuencias.
Ivana no sabía si creerle.
Y entonces ocurrió algo que cambió por completo la situación.
Desde el pasillo llegó un grito.
—¡Doctor Horvat! ¡Tiene que venir inmediatamente!
Robert salió de la habitación.
Ivana se quedó sola con su hijo durante unos segundos, hasta que una enfermera entró para comprobar que ambos estuvieran bien.
—¿Qué está pasando? —preguntó Ivana.
La enfermera intentó sonreír.
—No se preocupe. Los médicos están atendiendo una situación en la entrada.
Pero tenía las manos temblorosas.
Ivana lo notó.
—¿Qué situación?
La mujer miró hacia la puerta y bajó la voz.
—Hay un hombre que afirma ser el padre del bebé. Dice que se llama Luka Horvat.
Ivana sintió que el corazón se le detenía.
—¿Está aquí?
—Eso dicen los guardias.
Ivana apartó las mantas.
—¡Necesito verlo!
La enfermera intentó detenerla, recordándole que acababa de dar a luz y que debía descansar.
Pero Ivana no podía quedarse sentada.
No después de siete meses de incertidumbre.
No después de tantas noches preguntándose si volvería a escuchar la voz de su marido.
Se puso de pie lentamente, sostuvo a su hijo con cuidado y caminó hasta la puerta.
Y allí, al final del pasillo, lo vio.
Un hombre delgado, con barba de varios días, el cabello desordenado y una cicatriz reciente cerca de la sien.
Tenía los ojos hundidos por el cansancio.
Pero era Luka.
Su Luka.
El hombre al que había amado.
El hombre que había desaparecido cuando más lo necesitaba.
—Ivana… —susurró él.
Ella se quedó inmóvil.
Durante un instante quiso correr hacia él, abrazarlo y preguntarle si estaba herido.
Pero después recordó las noches en que había llorado sola.
Recordó las llamadas sin respuesta.
Recordó el miedo que había sentido al pensar que su hijo jamás conocería a su padre.
Y la ternura se convirtió en rabia.
—No te acerques —dijo.
Luka se detuvo inmediatamente.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver al bebé.
—¿Es… nuestro hijo?
Ivana lo miró con una mezcla de dolor y furia.
—Sí. Nuestro hijo. El niño que tú no estuviste aquí para conocer.
Luka bajó la cabeza.
—Lo sé.
—No, no lo sabes. No sabes lo que fue sentirlo moverse dentro de mí mientras me preguntaba si estabas muerto. No sabes lo que fue ir al hospital sin nadie que me sostuviera la mano. No sabes lo que fue dar a luz sin poder llamarte para decirte que nuestro hijo estaba vivo.
Luka comenzó a llorar.
—Perdóname.
—¿Perdonarte? —Ivana soltó una risa amarga—. ¿Sabes cuántas veces imaginé que habías tenido un accidente? ¿Cuántas veces pensé que quizá estabas en algún hospital, incapaz de recordar quién eras? ¿Y ahora vienes aquí y me pides perdón como si eso pudiera devolverme siete meses de mi vida?
Luka no intentó defenderse.
Se quedó quieto, soportando cada palabra.
—Tienes razón —dijo finalmente—. No hay ninguna excusa que pueda reparar lo que te hice.
Entonces miró al bebé.
—Pero necesito que sepas algo. Nunca dejé de amarte. Y jamás quise abandonar a nuestro hijo.
Ivana apretó al pequeño contra su pecho.
—Entonces explícame por qué desapareciste.
Luka miró a su alrededor.
Había enfermeras, pacientes y personal de seguridad en el pasillo.
—Porque descubrí que alguien había falsificado mi identidad. Y cuando intenté averiguar quién lo había hecho, encontré documentos que demostraban que mi familia llevaba treinta años ocultando la existencia de mi hermano gemelo.
—¿Marko?
Luka palideció.
—¿Cómo sabes ese nombre?
Ivana le mostró la fotografía del documento.
Luka la miró durante varios segundos.
Después se llevó una mano a la boca.
—No puede ser…
—¿Qué ocurre?
Él señaló una firma en la parte inferior del documento.
—Esa no es la firma de mi padre.
Ivana frunció el ceño.
—¿Entonces de quién es?
Luka levantó lentamente la mirada.
—De mi madre.
## La mujer que fingió no tener secretos
Robert regresó al pasillo acompañado por dos agentes de policía.
Cuando vio a Luka, se quedó paralizado.
—Hijo…

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