Me senté frente a Gideon Ashford sin apartar la mirada de la carpeta que acababa de dejar sobre la mesa.
—¿Qué significa destruir a mi marido pieza por pieza? —pregunté.
Gideon abrió la carpeta y deslizó varios documentos hacia mí.
—Significa recuperar todo lo que te robó, Vivian. Empezando por la empresa que cree que le pertenece.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
Entre aquellos papeles había contratos, transferencias bancarias y fotografías de reuniones secretas. Pero lo que más me sorprendió fue encontrar mi propia firma en un documento fechado cinco años atrás.
—Esto es imposible —murmuré.
—Preston falsificó tu autorización para transferir las acciones que heredaste de tu padre. Utilizó tu hospitalización después del incendio para quedarse con el control de la compañía.
Mis manos comenzaron a temblar.
Mientras yo luchaba por sobrevivir a trece operaciones, el hombre al que había salvado estaba robándome.
—¿Cómo lo descubriste?
Gideon me observó durante unos segundos.
—Porque tu padre fue mi primer socio. Y antes de morir me pidió que te protegiera si alguna vez alguien intentaba aprovecharse de ti.
Una lágrima resbaló por mi mejilla.
Por primera vez en cinco años, alguien me miraba sin lástima ni repugnancia.
—No quiero venganza por mis cicatrices —susurré—. Quiero justicia por todo lo que me quitó.
Gideon sonrió ligeramente.
—Entonces mañana recuperaremos tu vida. Pero esta noche vamos a empezar por tu dignidad.
Tres días después, llegó la gala.
Cassidy había convertido el salón principal del hotel más exclusivo de Manhattan en un espectáculo de lujo. Las cámaras esperaban frente a la alfombra roja y cientos de invitados lucían vestidos deslumbrantes.
Preston apareció junto a ella, orgulloso, mientras su amante acariciaba deliberadamente su vientre.
—¿Y tu esposa? —preguntó un periodista.
Cassidy soltó una risita.
—Vivian no se encuentra bien. Hay mujeres que simplemente no están preparadas para ciertos eventos sociales.
Preston sonrió con arrogancia.
Pero entonces una limusina negra se detuvo frente a la entrada.
Gideon Ashford descendió primero.
Los fotógrafos comenzaron a gritar su nombre.
Después extendió una mano hacia el interior del vehículo.
Y aparecí yo.
Llevaba un vestido de seda color champán, diseñado especialmente para mi cuerpo, con delicados bordados dorados que recorrían mi espalda descubierta.
Mis cicatrices no estaban ocultas.
Estaban enmarcadas por el diseño como si fueran parte de una obra de arte.
Por primera vez, no sentí vergüenza.
Sentí libertad.
Los flashes iluminaron mi rostro.
Gideon tomó mi mano.
—Estás preciosa, Vivian.
Cuando Preston me reconoció, su copa casi cayó al suelo.
Cassidy palideció.
—¿Qué hace ella con Gideon Ashford? —susurró furiosa.
Caminamos directamente hacia ellos.
—Vivian —gruñó Preston—. ¿Cómo te atreves a presentarte aquí con otro hombre?
Lo miré tranquilamente.
—Curioso. Tú llevas meses presentándote con otra mujer.
Algunos invitados escucharon la respuesta y comenzaron a murmurar.
Cassidy se adelantó.
—Este evento tiene un protocolo. No puedes entrar acompañada de alguien que no pertenece a nuestra empresa.
Gideon soltó una carcajada.
—Señorita Vaughn, soy el principal inversor de esta compañía.
El rostro de Cassidy perdió todo color.
Pero aquello apenas era el principio.
Cuando comenzó la

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